Las posturas radicales en la dialéctica entre lo estructural y lo caritativo para ayudar al pobre nunca me ha dejado indiferente: las estructuras la forman personas y las personas siempre están en algún tipo de estructura. Es cierto que al término caridad se le da en ocasiones unas connotaciones negativas que desacreditan esa virtud teologal. La caridad, entendida como "amor desinteresado hacia los demás", con todo lo que ello significa, no se enfrenta a lo estructural, sino que le da sentido.
Me ha gustado una reflexión de D. Santiago sobre la pobreza, por eso la comparto con vosotros:
Pobreza cero:
(A un amigo)
Me lo ha escrito un amigo: «Siempre he pensado que nuestros pastores serían más creíbles si acudieran tanto a las manifestaciones a favor de la familia como a las de la plataforma "pobreza cero".»
Los pobres, querido Rafael, son los destinatarios del evangelio, conforme a lo que Jesús dijo que se estaba cumpliendo en él: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres”.
Tal vez estemos hablando de la misma cosa: lo que tú llamas “pobreza cero”, Jesús lo llamó “evangelizar a los pobres”.
O tal vez estemos hablando de cosas distintas, pues “pobreza cero” parece apuntar más bien a un mundo en el que no haya pobres, y “evangelizar a los pobres” parece dar a entender que Jesús se sintió enviado, no a diseñar caminos para erradicar la pobreza, sino a meter dentro de los pobres lo que él, pobre también, llevaba dentro de sí: un evangelio, una buena noticia hecha de libertad para cautivos, de vista para ciegos, de gracia para todos.
A cada hombre se le ha dado un tiempo, una mente, un corazón, unas manos. Ninguno de nosotros puede reducir a cero el número de pobres sobre la faz de la tierra, aunque todos tenemos la capacidad de hacerlo decrecer. Entonces lo importante empieza a ser, no el horizonte inalcanzable, no el sueño imposible y frustrante, sino el hermano que tienes a tu lado, a tu alcance, al alcance de tu tiempo, de tu pensamiento, de tus afectos, de tu libertad.
Nuestra falta de credibilidad “como pastores” la veo alimentada, más que por nuestras ausencias de unas u otras manifestaciones, por la impresión que damos demasiadas veces de ocuparnos de doctrinas y no de personas, de ideología y no de pobres, de principios y no de tiempo, mente, corazón y manos: Hemos sido ungidos para amar.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger