jueves, 9 de junio de 2011

15M ante el Congreso

Hoy recibí este correo de mi amigo Manolo. No tiene desperdicio y me ha llegado al corazón porque viví con él las movilizaciones en Quito (Ecuador) a las que hace referencia. Os lo comparto: 

"En medio de la vorágine de esta semana tengo un momento de emoción al ver esta mañana a la gente del 15-M frente al Congreso. Me detengo en esta semana de 30 horas al día que me ha atropellado y hago un repaso breve a lo que dicen los medios de las protestas. Veo fotos y sobre todo veo videos con gente a voz en grito siguiendo lo que Hessel ansiaba en su libro.
Pero de nuevo recuerdo las palabras de D. Santiago Agrelo, obispo de Tánger, acerca de la necesidad de ir más allá en esa indignación. Sigo echando de menos un discurso universal porque este es un problema universal. Y en estas estaba cuando he reconocido perfectamente en estas movilizaciones a aquellos que hace años veía en las calles de Quito clamando contra el FMI y contra el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de América Latina). Era fácil ver entonces la frontera que nos separaba. Aquellos países vivían exprimidos por recortes que asfixiaban a los trabajadores y les impedía soñarse un futuro. A ellos solo les quedaba hacer la maleta y saltar a tierra extraña. Y nosotros éramos esos países que vivíamos en la abundancia irreal, derrochando y consumiendo lo que la "Economía" había robado a otros.

Ahora nos toca a nosotros. Ahora nos parece indignante que puedan hacer recortes con nuestro futuro y nuestros derechos sociales. Nos parece indignante que la clase política viva ensimismada y cómplice con las finanzas de altos vuelos (en primera). La religión era antes el opio del pueblo, y ahora lo es pensar que este problema solo nos pertenece a nosotros, a este país, dentro de estas fronteras. Pensar que lo de Libia, Túnez o Egipto es otra historia. Y pensar que los cientos de conflictos abiertos que reciben al gobierno de Perú nada tiene que ver con nosotros. La cuestión ahora no es indignarse sí o no, es sentir en las tripas que hay muchos que se indignaron antes que yo y que esperan desde hace más tiempo una respuesta a su indignación".

lunes, 6 de junio de 2011

UN AÑO DESPUES (9 de junio)

No me puedo creer que haya pasado ya un año sin él. Le sigo echando tanto de menos...
El Domingo pasado celebramos la Ascensión. Escuchando el Evangelio me sentí triste al contemplar la escena desde los apóstoles: Jesús había sido un auténtico amigo, los había querido hasta la muerte y les abrió la mente y el corazón de manera inimaginable. Era el Amigo, y lo mataron. No soy capaz de imaginar el dolor de aquellos amigos ante la pérdida de Jesús, tuvo que ser un desgarro brutal. Pero Jesús cumple su promesa, y vuelve entre ellos. Menudo alegrón se llevarían al caer en la cuenta de que todo lo que les había dicho era cierto. Y tras haberlo recuperado se vuelve a despedir para subir al Padre. Otra vez se va. Y otra vez la pena de volverlo a ver marchar, el desgarro de la separación por segunda vez. Me dio pena escuchar la Ascensión y me llamó la atención ese sentimiento, que compartí con Javi sj, puesto que se supone que es un momento de alegría, esperanza y agradecimiento.
Javi sj me sugirió la idea que os estoy tratando de transmitir en estas líneas al decirme que la enseñanza de la Ascensión es que hay que amar en libertad, sin acaparar al otro, algo que nos suele costar, y que aunque difícil es bonito. Me quedé rumiando sus palabras y recordé algo que leí no hace mucho en un libro de Rambla sj en el que hace un recorrido por el diario de Egide, un jesuita obrero, quien fundamenta su fe en la amistad con los pobres. En una de las páginas del diario de Egide este comenta que para él "la despedida de un amigo es como el sacrificio de Abraham". Es decir, que la entrega al Padre de lo más preciado no es incompatible con la dificultad que entraña dicha separación, de tal forma que uno puede aceptar desprenderse de una persona querida (de un hijo en caso de Abraham), aceptar con gusto la distancia con ella si es la voluntad de Dios y al mismo tiempo echarle mucho de menos, descubrir en el día a día el vacío que esa persona dejó, y desear querer tenerla cerca y abrazarla... Mi reto es querer a mis "amigos" -en sentido amplio y profundo- tanto como para que en cada despedida se me parta el alma. La clave está en no pretender entender, más que con el corazón, las cosas de Dios, de ahí que solo puedo estar agradecida por el padre que me regaló, así como por cada instante que puedo disfrutar de los que quiero, aunque no sean tantos como yo desearía.