martes, 22 de marzo de 2011

CLONANDO A CAÍN de Fr. Santiago Agrelo


Algo tiene la guerra que atrae al hombre, como si fuese el fruto prohibido del árbol más a la vista y más hermoso del jardín. Algo tiene. Será por el riesgo que se corre, será por la victoria que se espera, será por la gloria que se desea. Será tal vez porque te hace sentir dueño de vidas ajenas, más grande que el caído, más poderoso que el vencido.
La guerra es tan atractiva y deseable como pueda serlo el bien, como pueda serlo el mal. Y es tan perversa que, si la reconoces necesaria, tendrás que reconocerla justa; y si la reconoces justa, habrás justificado la muerte de tu hermano.

Una guerra no ata las manos de Caín: lo clona.
Encendí el televisor. Hablaban de Libia. En las imágenes un caza en llamas se estrellaba contra el suelo. No ves cadáveres, pero sabes que están allí. Y antes de que la razón haga preguntas, el sentimiento ha hecho ya sus opciones. Aquellos muertos ni duelen si son de los otros; duelen si los reconocemos ‘nuestros’; duelen hasta hacerme daño si son ‘míos’. Y como todavía no sabes de quién es el caza que has visto caer, todavía no sabes cómo aquellas muertes te han de doler.
¿Es que no lo aprenderemos nunca?: ¡En una guerra sólo matamos a hermanos! En la guerra, ¡a Caín lo clonamos!

Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

martes, 15 de marzo de 2011

TERNURA

¿Recuerdas cuando tu madre te besaba suavemente en la frente cuando veía que te encontrabas mal? Yo tengo especialmente vivo en la memoria el recuerdo de mi padre dándome un abrazo tierno acompañado de un "cuánto te quiero", que ahora reproduzco yo con mis hijas. Gestos como los de coger la mano de un amigo sin pretensión de soltársela y llevártela al pecho, una acaricia dulce en la mejilla, un abrazo sin fin en el que sientes que descansas, un beso en la frente, una palabra, un detalle, una mirada...
Para mí la ternura son esos gestos en los que el amor se expresa de forma madura y con entrega, donde la maternidad se desborda y la amistad se hace especial. La pasión queda en un segundo plano ya que "la ternura es el reposo de la pasión" (Joubert). Son gestos que nada tienen que ver con la amabilidad o la buena educación, gestos que no buscan ni piden nada a cambio, gestos que tan solo canalizan los sentimientos de tu interior.

Anoche pensaba en lo falto que estamos de ternura y lo bien que nos sientan que sean tiernos con nosotros. Y es comprensible que sin saberlo demandemos ternura porque como dice Oscar Wilde "en el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza". Pero no es una cuestión de proponerse tener esos gestos, sino de cultivar un interior en el que los otros tengan un lugar especial y con el que esponjar tu corazón. "El amor sin ternura es puro afán de dominio..." (Savater), pero la ternura no se concibe si no es con mucho Amor.