sábado, 19 de febrero de 2011

Apresados

El martes por la tarde estuve en la prisión de Alhaurín de la Torre. Acompañé a un reducido grupo de alumnos de la extingue diplomatura de Trabajo social para que conocieran por dentro la prisión y también a algunas personas que están allí cumpliendo condena.
La prisión, en estos 15 años que llevo acudiendo como voluntaria o como profesora con alumnos, ha cambiado mucho. Del gris de los primeros años, al colorido de las obras artísticas de los presos gracias al trabajo del Colectivo Moraga.
De la tensión por mantener el orden que se vivía entre los funcionarios, sometiéndote a controles en ocasiones ridículos, a cierto ambiente relajado y amigable, de respeto y cordialidad.
De muros que pretendían esconder una fea realidad, a la política de transparencia  para que la sociedad conozca esa realidad.
De la política un tanto represiva de algunos de los que pasaron por el poder, a la política de reinserción que ahora se vive y que se materializa en más educación, más programas de tratamiento, más permisos de salida  y 3º grados, etc.
Aún así la prisión sigue impresionando por las barreras diseñadas para limitar tu movimiento. Y lo que más enriquece de ir a prisión es conocer a los presos: sus historias de vida, sus pensamientos, arrepentimientos o justificaciones, penas, ilusiones, amores... Entre tantos de ellos, actualmente unos 1.500 en Málaga, hay muchos que aun andan perdidos, pero hay otros que ya se dan cuenta de...
- que a las madres hay que hacerles caso
- que los caminos rápidos y fáciles se convierten en los más lentos y difíciles
- que lo que realmente merece la pena son la familia y los tuyos
- que la vida no es más que disfrutar de pequeñas cosas como ver una puesta de sol, disfrutar del mar o salir a tomar una cervecita con amigos
- que hay ocasiones que ni uno mismo se explica cómo pudo hacer lo que hizo, pero que no desiste en buscar en su interior qué fue lo que le llevó a ello
- que tienes que aprender a conocerte y a tener paciencia, respeto, control de ti mismo y comprensión con los demás
- que tras caer tan bajo solo te queda aprovechar esta oportunidad para crecer y ser mejor
Después de hablar con ellos durante un par de horas me quedó la sensación que la cárcel los había liberado, y recordé a otros que, estando libres, permanecen apresados.

viernes, 18 de febrero de 2011

Decisiones

A diario nos suceden cosas que ponen a prueba nuestra felicidad, y que hace que tomemos decisiones en las que nos la jugamos. Los hechos son los que son, y nuestras actitudes ante esos hechos hacen que afrontemos la vida o que ésta se nos caiga encima. Algunos ejemplos en los que me he fijado esta semana:
- Cometemos un error, porque todos nos equivocamos alguna vez: Podemos cabrearnos y pensar que no servimos para tal cosa o, por el contrario, usarlo como una oportunidad para aprender de nuestros fallos.
- Llega un tiempo de excesivo trabajo: Una opción es ir quejándose de lo agotado que está uno y de cómo lo explotan, con lo que además de mucho trabajo se sentirá víctima de las circunstancias. Pero también tenemos la posibilidad de organizarnos, delegar tareas haciendo o ampliando equipo, o tan solo ser conscientes de que es una racha apretada que necesariamente pasará, sintiéndote capaz de asumir el reto.
- Lo que empezó siendo una mera discrepancia deriva en una discusión acalorada. La tentación, al menos la mía, es evitar a esa persona, tacharla de no dialogante y cabezona, o sentirme frustrada por no haber podido controlar la situación. La alternativa es más enriquecedora: ponerse en el pellejo del otro, reconocer mi propia intransigencia, esperar que pase la tempestad y en la calma volver al encuentro.
- Recibes el reproche de una amiga (o de tu madre) por tu falta de atención. Entonces descalificas esa amistad, pensando que no merece la pena, o simplemente reconoces en su actitud una llamada de atención por lo mucho que te quiere y tomas en consideración si el reproche está fundado.
- Sientes que una amistad se aleja. Puedes dejarte llevar por la soberbia y mantener la distancia en espera de que te llame, o puedes dejar de sentirte el centro de la vida de los demás y colocar a los demás en el centro de la tuya.
- Te embarga la tristeza. En ese caso puedes regocijarte en tu pena, dejándote ahogar por tus lágrimas, o también puedes mirar en el fundo de tu corazón y rescatar tantas bondades como la vida te fue dejando en él.

En definitiva eres libre para destruirte, entrando en una espiral de desesperación, o para ser feliz.
Tú decides.

martes, 8 de febrero de 2011

ÉXITOS

Soy una mujer de éxitos, de esos que llenan una vida y que quedan lejos de los reconocimientos académicos y sociales.  Mis éxitos los cuento a puñados cuando hago repaso de mi vida...
...por la complicidad alcanzada con mis hijas,
por el humor que se destila en casa y la de veces que suenan carcajadas,
porque me cuidas aun cuando me encuentro bien,
porque me levantas cada vez que tropiezo,
por el privilegio de compartir vida en grupo,
por el encuentro con mis alumnos más allá de lo académico,
porque me muestras el dolor de los desposeídos de este mundo,
porque luchas contra muros gubernamentales queriendo cambiar las cosas,
porque los menores son siempre tu prioridad,
por esas cervecitas entre semana,
por los achuchones que me das,
porque me dan las gracias cuando soy yo la agradecida,
porque estas disponible a hacer chapuzas en casa y en mi corazón,
porque nos divertimos juntas,
porque mi corazón permanece inquieto ante las injusticias,
porque mi trabajo es un medio de lucha por un mundo mejor,
porque tu vocación me da Vida
y porque la oración me saca de mi yo.