viernes, 22 de abril de 2011

CRISIS

Ando inquieta por mi responsabilidad en la crisis económica. Ando inquieta porque desde hace tiempo intuyo que algo no va bien en mí. Observo contradicciones, miradas hacia otro lado, lavada de manos y todo bajo justificaciones bien fundamentadas que hunden sus raíces en el miedo. A todo esto le llevo dando vueltas en mi interior sin saber formular lo que realmente pasa.

Estos días he descubierto a Joan Melé. Su discurso ha puesto palabras a lo que tenía en mi corazón. Me ha dado pistas para trabajar algunas de mis incongruencias, he sentido que liberaba algunos bloqueos interiores, y me ha dado esperanza en la creencia de que otro mundo es posible.
La crisis económica ha puesto al descubierto los valores reales sobre los que se mueve esta sociedad: Una sociedad que no se da cuenta que con pequeños actos cotidianos causa daños irreversibles al planeta y que el daño que infringe a otra persona, animal o planta, por pequeño que este sea, se lo hace a toda la Humanidad. Esa misma ausencia de valores ha llevado a nuestra sociedad a reclamar cada vez más castigos para los delincuentes, puesto que éstos no parecen merecer ser parte de este mundo. Sin negar las necesidades de mejora del sistema penal, no comulgo con soluciones que infrinjan un daño esteril en la persona.

Si queremos acabar con la crisis económica mundial (no solo con la que nos afecta ahora a nosotros) y, entre otras cosas,  que la delincuencia se reduzca, si apostamos por un mundo mejor, no serán suficientes las medidas económicas financieras, ni las de política criminal punitivista... Es necesario que todas ellas avancen sobre un cambio de valores, hacia aquellos en el que la persona es importante porque forma parte del todo, en el que las relaciones personales tienen algo de sacralidad, en el que el bien común debe anteponerse a mis comodidades y egocentrismo, en donde seamos capaces de pararnos y buscar respuesta en nuestro interior, y nuestro máximo objetivo sea hacer crecer interiormente, en el verdadero sentido de la vida, a los que tenemos a nuestro alrededor.
La Criminología que enseño apuesta por ello, al establecer como principales medidas preventivas de la delincuencia la educación en valores y la formación y la intervención social en general. Y cuando el delito se ha cometido, la Criminología vuelve a mirar a la persona, para ayudarla a conseguir la madurez que no había calcanzado, siguiendo la máxima de Concepción Arenal: "odia el delito, ama al delincuente".
La banca ética apunta también hacia el valor supremo de la persona y del mundo. No es malo el dinero, sino la intención codiciosa de su uso y la ignorancia del servicio que la banca tradicional hace de tu dinero. Invertir en proyectos sostenibles que trabajan con excluidos sociales marca la diferencia de la banca ética con la tradicional, que desgraciadamente se dedica, entre otras bondades, a la especulación.
Que cambie yo para que cambie el mundo. No encuentro otra fórmula para acabar con la crisis de valores que nos asola.

lunes, 18 de abril de 2011

Con desmesura


Fue en tiempos de oscuridad y soledad, de noches en vela, cuando ocurrió. No fue casualidad que fuera en aquel momento: Acontecimientos anteriores y posteriores le darían sentido pleno. Tenía cosas que decirme, y lo hizo como solo el sabe hacerlo, con sabiduría y amor. Solo un instante bastó para que me hiciera comprender tanta inmensidad, y me presentara su corazón. Me regaló así uno de sus grandes tesoros, mostrándome que me quería con desmesura. Desde entonces guardo en lo más profundo la intensidad de aquel momento, hasta el punto de que su recuerdo es una presencia viva años después.

Fotos de Juan Medina