A diario nos suceden cosas que ponen a prueba nuestra felicidad, y que hace que tomemos decisiones en las que nos la jugamos. Los hechos son los que son, y nuestras actitudes ante esos hechos hacen que afrontemos la vida o que ésta se nos caiga encima. Algunos ejemplos en los que me he fijado esta semana:
- Cometemos un error, porque todos nos equivocamos alguna vez: Podemos cabrearnos y pensar que no servimos para tal cosa o, por el contrario, usarlo como una oportunidad para aprender de nuestros fallos.
- Llega un tiempo de excesivo trabajo: Una opción es ir quejándose de lo agotado que está uno y de cómo lo explotan, con lo que además de mucho trabajo se sentirá víctima de las circunstancias. Pero también tenemos la posibilidad de organizarnos, delegar tareas haciendo o ampliando equipo, o tan solo ser conscientes de que es una racha apretada que necesariamente pasará, sintiéndote capaz de asumir el reto.
- Lo que empezó siendo una mera discrepancia deriva en una discusión acalorada. La tentación, al menos la mía, es evitar a esa persona, tacharla de no dialogante y cabezona, o sentirme frustrada por no haber podido controlar la situación. La alternativa es más enriquecedora: ponerse en el pellejo del otro, reconocer mi propia intransigencia, esperar que pase la tempestad y en la calma volver al encuentro.
- Recibes el reproche de una amiga (o de tu madre) por tu falta de atención. Entonces descalificas esa amistad, pensando que no merece la pena, o simplemente reconoces en su actitud una llamada de atención por lo mucho que te quiere y tomas en consideración si el reproche está fundado.
- Sientes que una amistad se aleja. Puedes dejarte llevar por la soberbia y mantener la distancia en espera de que te llame, o puedes dejar de sentirte el centro de la vida de los demás y colocar a los demás en el centro de la tuya.
- Te embarga la tristeza. En ese caso puedes regocijarte en tu pena, dejándote ahogar por tus lágrimas, o también puedes mirar en el fundo de tu corazón y rescatar tantas bondades como la vida te fue dejando en él.
En definitiva eres libre para destruirte, entrando en una espiral de desesperación, o para ser feliz.
Tú decides.
- Cometemos un error, porque todos nos equivocamos alguna vez: Podemos cabrearnos y pensar que no servimos para tal cosa o, por el contrario, usarlo como una oportunidad para aprender de nuestros fallos.
- Llega un tiempo de excesivo trabajo: Una opción es ir quejándose de lo agotado que está uno y de cómo lo explotan, con lo que además de mucho trabajo se sentirá víctima de las circunstancias. Pero también tenemos la posibilidad de organizarnos, delegar tareas haciendo o ampliando equipo, o tan solo ser conscientes de que es una racha apretada que necesariamente pasará, sintiéndote capaz de asumir el reto.- Lo que empezó siendo una mera discrepancia deriva en una discusión acalorada. La tentación, al menos la mía, es evitar a esa persona, tacharla de no dialogante y cabezona, o sentirme frustrada por no haber podido controlar la situación. La alternativa es más enriquecedora: ponerse en el pellejo del otro, reconocer mi propia intransigencia, esperar que pase la tempestad y en la calma volver al encuentro.
- Recibes el reproche de una amiga (o de tu madre) por tu falta de atención. Entonces descalificas esa amistad, pensando que no merece la pena, o simplemente reconoces en su actitud una llamada de atención por lo mucho que te quiere y tomas en consideración si el reproche está fundado.
- Sientes que una amistad se aleja. Puedes dejarte llevar por la soberbia y mantener la distancia en espera de que te llame, o puedes dejar de sentirte el centro de la vida de los demás y colocar a los demás en el centro de la tuya.
- Te embarga la tristeza. En ese caso puedes regocijarte en tu pena, dejándote ahogar por tus lágrimas, o también puedes mirar en el fundo de tu corazón y rescatar tantas bondades como la vida te fue dejando en él.
En definitiva eres libre para destruirte, entrando en una espiral de desesperación, o para ser feliz.
Tú decides.

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