El martes por la tarde estuve en la prisión de Alhaurín de la Torre. Acompañé a un reducido grupo de alumnos de la extingue diplomatura de Trabajo social para que conocieran por dentro la prisión y también a algunas personas que están allí cumpliendo condena.
La prisión, en estos 15 años que llevo acudiendo como voluntaria o como profesora con alumnos, ha cambiado mucho. Del gris de los primeros años, al colorido de las obras artísticas de los presos gracias al trabajo del Colectivo Moraga.
De la tensión por mantener el orden que se vivía entre los funcionarios, sometiéndote a controles en ocasiones ridículos, a cierto ambiente relajado y amigable, de respeto y cordialidad.
De muros que pretendían esconder una fea realidad, a la política de transparencia para que la sociedad conozca esa realidad.
De la política un tanto represiva de algunos de los que pasaron por el poder, a la política de reinserción que ahora se vive y que se materializa en más educación, más programas de tratamiento, más permisos de salida y 3º grados, etc.
Aún así la prisión sigue impresionando por las barreras diseñadas para limitar tu movimiento. Y lo que más enriquece de ir a prisión es conocer a los presos: sus historias de vida, sus pensamientos, arrepentimientos o justificaciones, penas, ilusiones, amores... Entre tantos de ellos, actualmente unos 1.500 en Málaga, hay muchos que aun andan perdidos, pero hay otros que ya se dan cuenta de...
- que a las madres hay que hacerles caso
- que los caminos rápidos y fáciles se convierten en los más lentos y difíciles
- que lo que realmente merece la pena son la familia y los tuyos
- que la vida no es más que disfrutar de pequeñas cosas como ver una puesta de sol, disfrutar del mar o salir a tomar una cervecita con amigos
- que hay ocasiones que ni uno mismo se explica cómo pudo hacer lo que hizo, pero que no desiste en buscar en su interior qué fue lo que le llevó a ello
- que tienes que aprender a conocerte y a tener paciencia, respeto, control de ti mismo y comprensión con los demás
- que tras caer tan bajo solo te queda aprovechar esta oportunidad para crecer y ser mejor
Después de hablar con ellos durante un par de horas me quedó la sensación que la cárcel los había liberado, y recordé a otros que, estando libres, permanecen apresados.
La prisión, en estos 15 años que llevo acudiendo como voluntaria o como profesora con alumnos, ha cambiado mucho. Del gris de los primeros años, al colorido de las obras artísticas de los presos gracias al trabajo del Colectivo Moraga.
De la tensión por mantener el orden que se vivía entre los funcionarios, sometiéndote a controles en ocasiones ridículos, a cierto ambiente relajado y amigable, de respeto y cordialidad.
De muros que pretendían esconder una fea realidad, a la política de transparencia para que la sociedad conozca esa realidad.
De la política un tanto represiva de algunos de los que pasaron por el poder, a la política de reinserción que ahora se vive y que se materializa en más educación, más programas de tratamiento, más permisos de salida y 3º grados, etc.
Aún así la prisión sigue impresionando por las barreras diseñadas para limitar tu movimiento. Y lo que más enriquece de ir a prisión es conocer a los presos: sus historias de vida, sus pensamientos, arrepentimientos o justificaciones, penas, ilusiones, amores... Entre tantos de ellos, actualmente unos 1.500 en Málaga, hay muchos que aun andan perdidos, pero hay otros que ya se dan cuenta de...
- que a las madres hay que hacerles caso
- que los caminos rápidos y fáciles se convierten en los más lentos y difíciles
- que lo que realmente merece la pena son la familia y los tuyos
- que la vida no es más que disfrutar de pequeñas cosas como ver una puesta de sol, disfrutar del mar o salir a tomar una cervecita con amigos
- que hay ocasiones que ni uno mismo se explica cómo pudo hacer lo que hizo, pero que no desiste en buscar en su interior qué fue lo que le llevó a ello
- que tienes que aprender a conocerte y a tener paciencia, respeto, control de ti mismo y comprensión con los demás
- que tras caer tan bajo solo te queda aprovechar esta oportunidad para crecer y ser mejor
Después de hablar con ellos durante un par de horas me quedó la sensación que la cárcel los había liberado, y recordé a otros que, estando libres, permanecen apresados.


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