A veces perdemos la oportunidad de crecer y hacer crecer a los demás. Estos días tengo esa sensación producida por las tensiones y las mutuas contestaciones que se están dando por parte de algunos contrarios a la visita del Papa y también de algunos de sus partidarios.
Por una parte, hemos presenciado actitudes un tanto injuriosas que se han usado por los de la "manifestación de laicos anti-Papa" protestando por el uso de dinero público para una actividad de una religión concreta en un estado aconfesional, por más que debamos considerar el contenido de dichas quejas. Por otra parte, considero de inoportunos a los que se hacen llamar "los curas de Madrid" al alertarnos de lo innecesario del dispendio y la ostentación que se ha llevado a cabo con ocasión de la visita del Pontífice, así como de la complicidad de las agencias que forman los mercados que nos han llevado a la crisis en la organización de la JMJ. Esas reflexiones, si bien ricas y argumentadas, se han vertido a destiempo y no deberían haber quitado el más pequeño espacio a la alegría de la fiesta del encuentro y la amistad que ha sido y está siendo la JMJ. Tampoco me ha gustado uno de los últimos escritos de mi querido D. Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger, ya que deseando éxito a los manifestantes anti-Papa ha usado un tono un tanto irónico que desvela, o al menos a mí me lo ha parecido, cierta rabia (Religión Digital del 17 de agosto de 2011). Y llegó a indignarme ver en 13TV a unos tertulianos atacando a los de la manifestación anti-Papa y al #15M con una actitud un tanto soberbia y cerrando filas en torno a la JMJ.
Y no me gusta nada de lo anterior porque creo que no invitan a la unión. Está ausente una actitud dialogante entre las partes enfrentadas; da la sensación de que no se acepta con humildad por parte de unos y otros la posibilidad de que las críticas puedan ser ciertas o que haya cierto error en ellas; no observo que se adopte un reflexión seria, tras guardar los acontecimientos en el corazón como haría María, ante ciertos cuestionamientos; veo prejuicios y etiquetas hacia una Iglesia llena de fe, generosidad y vida; no me consta que las críticas se estén haciendo con intención de ayudar al otro a crecer, a alcanzar la verdad, sino de imponer la verdad que cada uno defiende; y veo una actitud poco inclusiva a pesar de que en la JMJ cabemos todos.
En definitiva creo que con ciertos comentarios y actitudes perdemos la oportunidad de tender puentes entre personas, agrupaciones e instituciones que parecen buscar mayor justicia social, a pesar de que unos lo hagan movidos por la fe y otros no. Y es que, teniendo todos un mismo enemigo común, "el hambre y la injusticia" (@elmayo), todos somos importantes en la búsqueda de la Verdad, en desenmascarar los males de este mundo, y en alcanzar la justicia y la paz social.
Por una parte, hemos presenciado actitudes un tanto injuriosas que se han usado por los de la "manifestación de laicos anti-Papa" protestando por el uso de dinero público para una actividad de una religión concreta en un estado aconfesional, por más que debamos considerar el contenido de dichas quejas. Por otra parte, considero de inoportunos a los que se hacen llamar "los curas de Madrid" al alertarnos de lo innecesario del dispendio y la ostentación que se ha llevado a cabo con ocasión de la visita del Pontífice, así como de la complicidad de las agencias que forman los mercados que nos han llevado a la crisis en la organización de la JMJ. Esas reflexiones, si bien ricas y argumentadas, se han vertido a destiempo y no deberían haber quitado el más pequeño espacio a la alegría de la fiesta del encuentro y la amistad que ha sido y está siendo la JMJ. Tampoco me ha gustado uno de los últimos escritos de mi querido D. Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger, ya que deseando éxito a los manifestantes anti-Papa ha usado un tono un tanto irónico que desvela, o al menos a mí me lo ha parecido, cierta rabia (Religión Digital del 17 de agosto de 2011). Y llegó a indignarme ver en 13TV a unos tertulianos atacando a los de la manifestación anti-Papa y al #15M con una actitud un tanto soberbia y cerrando filas en torno a la JMJ.
Y no me gusta nada de lo anterior porque creo que no invitan a la unión. Está ausente una actitud dialogante entre las partes enfrentadas; da la sensación de que no se acepta con humildad por parte de unos y otros la posibilidad de que las críticas puedan ser ciertas o que haya cierto error en ellas; no observo que se adopte un reflexión seria, tras guardar los acontecimientos en el corazón como haría María, ante ciertos cuestionamientos; veo prejuicios y etiquetas hacia una Iglesia llena de fe, generosidad y vida; no me consta que las críticas se estén haciendo con intención de ayudar al otro a crecer, a alcanzar la verdad, sino de imponer la verdad que cada uno defiende; y veo una actitud poco inclusiva a pesar de que en la JMJ cabemos todos.
En definitiva creo que con ciertos comentarios y actitudes perdemos la oportunidad de tender puentes entre personas, agrupaciones e instituciones que parecen buscar mayor justicia social, a pesar de que unos lo hagan movidos por la fe y otros no. Y es que, teniendo todos un mismo enemigo común, "el hambre y la injusticia" (@elmayo), todos somos importantes en la búsqueda de la Verdad, en desenmascarar los males de este mundo, y en alcanzar la justicia y la paz social.


totalmente de acuerdo
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